17 Agosto 2021

Alba Aguión

La confianza en la ciencia no para de aumentar. Así lo muestra el estudio internacional State of Science Index (SOSI) 2021 de 3M realizado en 17 países, en donde el 91% de los encuestados confían en la ciencia, con un 85% afirmando que existen consecuencias negativas en una sociedad que no la valora. El estudio muestra también una reducción en el escepticismo científico de un 32% en época pre-COVID (2018, el primer año en que se realizó el estudio) hasta un 27% este año. Y es que, tal y como declaró Mike Roman, el presidente de 3M, “La confianza del mundo en la ciencia se reafirma cada día a medida que vemos más y más ejemplos de su impacto en nuestras vidas”. En España, la encuesta de FECYT 2020 también parece apuntar al efecto positivo de la pandemia en la percepción social de la investigación, con un aumento considerable de personas dispuestas a realizar donaciones para financiar proyectos científicos.

Y es que diariamente (y ahora más que nunca) nos topamos con descubrimientos y avances científicos reveladores de las más variadas disciplinas en redes sociales y medios de comunicación. Avances relacionados con COVID, proyecciones del impacto del cambio climático, inteligencia artificial, etc. que provienen de publicaciones científicas especializadas. Pero pese a la creciente confianza depositada en la ciencia, aún existe un gran desconocimiento sobre cómo funciona el mundo de la investigación y la publicación de sus resultados. Y lo que mucha gente desconoce es a los problemas a los que se enfrenta la ciencia, que hacen peligrar en ocasiones su avance sólido.

“Si pudieras cambiar una cosa de tu trabajo, ¿Cuál sería?” Esta es la pregunta que el sitio web de noticias estadounidense Vox lanzó a 270 científicos de diferentes partes del mundo, incluyendo a galardonados con la Medalla Fields (máximo galardón que otorga la comunidad matemática internacional) en 2016. Aunque la encuesta no forma parte de un estudio científico, sus respuestas permiten recopilar de modo sencillo y en 7 apartados las problemáticas a las que la ciencia se enfrenta.

1. Problemas de financiación

Aunque este problema sea global, los problemas de financiación en ciencia son particularmente conocidos en España; en donde una amplia mayoría de personas considera que no se invierte lo suficiente en ella (FECYT 2020). Y es que el gasto en ciencia en 2019 en España fue de un 1.14% del PIB, mientras que la media europea estuvo en un 2.19%. En el mundo en general y en España en particular, la ciencia se vuelve cada vez más competitiva ya que cada vez hay más personas pidiendo una financiación que no aumenta y en ocasiones, hasta se reduce. En la Figura 1 se ve como el número de doctorandos (naranja) no ha parado de crecer en España, mientras que la oferta de contratos posdoctorales (resto de colores) no lo hace. Y este problema, tal y como reportaba la revista Nature en 2017 es global. figura-1-número-tesis-leídas -número-contratos-posdoctorales-Juan -Cierva-Ramón-Caja-Ministerio-Economía-Competitividad

Figura 1: Número de tests leídas (naranja) y número de contratos posdoctorales Juan de la Cierva y Ramón y Cajal del antiguo Ministerio de Economía y Competitividad de España (ahora Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades). En 2018 (año no incluido en el gráfico) hubo un repunte de contratos posdoctorales, pero aún insuficiente. Gráfico Ciencia con Futuro, fuente de datos: Instituto Nacional de Estadística, Boletín Oficial del Estado e informes de estadística de tesis doctorales.

No obstante, el problema no está limitado a la falta de dinero para contratar personal, comprar material, etc. (al fin y al cabo, este siempre será finito) sino también a la forma en que este se otorga y reparte. La financiación de proyectos suele acabarse tras unos 3 años, evitando que los científicos puedan involucrarse en proyectos a largo plazo. Con cada vez más personas pidiendo fondos de corta duración, el sistema se vuelve intenso y competitivo – pero no de un modo productivo. “Algunos científicos consumen un 50% de su tiempo escribiendo aplicaciones para pedir dinero” cuenta Kelsey Piper en este artículo. Imagínate todo lo que podrían investigar o enseñar a sus alumnos en ese tiempo. Así que la ciencia no solo necesita de fondos, sino de una financiación más estable en el tiempo. Una posible solución podrían ser fondos que en vez de otorgarse a proyectos individuales, se otorguen a instituciones o a laboratorios a largo plazo.

2. Estudios mal diseñados

Los científicos son evaluados en base a los resultados que publican en revistas científicas. De ahí la expresión “Publica o muere” (Publish or perish en inglés). Este énfasis exagerado en las publicaciones, sin valorar otras partes fundamentales de la ciencia (Figura 2), puede pervertir el sistema. La elevada presión por publicar hace que la mayoría de los científicos estén más centrados en publicar rápido para asegurar su siguiente contrato que en perseguir las preguntas de investigación que realmente consideran más relevantes. Esta presión empuja además a dar resultados llamativos para lograr un hueco en revistas prestigiosas, que en casos como en medicina clínica se han visto refutados o exagerados en hasta un 30% de los casos.

3. La revalidación de estudios es poco habitual (¿o no tanto?)

La replicación es fundamental en ciencia. Los investigadores cogen un estudio ya publicado y lo repiten siguiendo su metodología, comprobando si también obtienen los mismos resultados. Probar, validar, volver a probar – son partes fundamentales del lento proceso científico para obtener conclusiones robustas. Sin embargo, esto no parece suceder tan a menudo como debería según los encuestados, ya que los científicos no tienen incentivos para revalidar las pruebas de estudios antiguos ni las revistas están interesadas en dichas publicaciones.

Aunque lleva años generando preocupación, esta “crisis de reproducibilidad” en ciencia cobró interés tras la publicación en 2015 en Science de un artículo que exponía que en solamente 30 de 100 experimentos en psicología publicados en las mejores revistas científicas se habían podido replicar sus resultados. No obstante, en 2018 en la revista científica PNAS se publicaron 12 artículos que discuten dicha cuestión, con énfasis en la investigación biomédica. En uno de ellos (D. Fanelli) se concluye que no esta crisis de reproducibilidad realmente no existe, indicando que la ratio actual de detracciones y fraude científico es similar al de hace 20 años. El debate está servido.

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Figura 2: A) Visión reducida (aunque ampliamente extendida) de cómo medir el impacto científico, basada en las citas (citations). Las citas son el número de veces que un artículo científico ha sido referenciado en otros documentos. A mayor número de artículos publicados, mayor probabilidad de conseguir citas. B) Visión inclusiva del impacto científico, en donde se valoran las citas, junto a actividades como la divulagación científica, las colaboraciones, la participación e involucración en la comunidad, la diversidad e inclusión, etc. Imagen de S. W. Davies et al. 2021 en Plos Biology.

4. Fracaso en las revisiones por pares

Los estudios científicos antes de ser publicados se someten a un proceso conocido como revisión por pares (peer review en inglés), mediante el cual son evaluados por uno o varios investigadores externos especialistas en la materia. Este proceso está explicado en un artículo previo de nuestro blog. Muchos de los científicos participantes de la encuesta, aseguraron que los procesos de revisión por pares fallan a menudo. Algunos de los problemas enumerados fueron la lentitud del proceso (que puede demorarse hasta 2 años), la existencia de revisores que no prestan la suficiente atención aceptando estudios con errores o las discriminaciones que ocurren en el proceso (positivas o negativas) hacia ciertas instituciones, personas, etc. Considerando que los investigadores externos que ejercen de revisores no cobran, y son científicos sujetos a las presiones y competición antes comentadas, se podrían explicar los retrasos en el proceso o la falta de tiempo para hacer revisiones más exhaustivas.

5. Muros de pago (el acceso a la ciencia es caro)

La suscripción a revistas científicas es muy cara. En este estudio del 2018 de El Confidencial, se estima que España (universidades y resto de instituciones) gasta anualmente unos 25 millones de euros en suscripciones a Elsevier, la mayor editorial de literatura científica del mundo. El acceso a una única publicación en Science puede costar hasta 30 dólares y la suscripción individual a revistas como Nature, PNAS o Cell ronda 200 dólares al año (¡y hay cientos de revistas!). No obstante, cada vez se promueve más la publicación en acceso abierto (open access en inglés), en donde las publicaciones están disponibles de modo gratuito y en línea para cualquier lector, aunque no sea suscriptor de la revista.

6. La ciencia se transmite de forma errónea al público

Muchos de los encuestados expresaron frustración por ver cómo la ciencia se transmite al público, a menudo plagada de exageraciones y afirmaciones engañosas o falsas. Como resume el profesor Daniel Molden, “Existe esta dinámica tóxica en donde de modo mutuo ciertos periodistas y científicos aumentan la certeza y generalidad de los descubrimientos científicos y las promesas que se hacen al público. Cuando estos hallazgos resultan ser menos seguros y las promesas no se cumplen, se desgasta el respeto a los científicos y se alimenta aún más el deseo de los científicos de ser apreciados”.

 

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Figura 3: Uso de palabras positivas (azul), negativas (rojo) y del término "novedoso" (gris) en los títulos o resúmenes de artículos científicos en PubMed desde 1974 hasta el 2014. Las palabras positivas incluyen términos como "increíble", "creativo", "brillante", "espectacular" o "sin precedentes". Las palabras negativas, "inadecuado", "insatisfactorio", "insuficiente", "pesimista" o "decepcionante". Editado por la revista Vox, pero datos originales publicados en la revista Nature en 2015.

7. La vida de un joven científico es demasiado estresante

Recientemente diferentes investigaciones han puesto de relieve el problema de salud mental que existe en aquellos científicos que están en las primeras etapas de la carrera investigadora. Un estudio realizado en Bélgica con más de 3.500 estudiantes de doctorado reflejó que el 32% de ellos estaban en riesgo de desarrollar un desorden psiquiátrico, particularmente depresión – un porcentaje más alto que en la población general. Otro estudio reciente realizado en China con estudiantes de doctorado descubrió que el 41.2% de ellos mostraban síntomas de depresión leve, 23.7% de síntomas de ansiedad leve a moderada y 20% de moderada a severa.

Y es que, tal y como muestra la encuesta realizada por Nature a estudiantes predoctorales de todo el mundo, en las primeras etapas de la carrera investigadora los estudiantes pasan jornadas interminables y extenuantes en el laboratorio (Figura 4). Como dice una de las encuestadas, se promueve cada vez más la cultura de las largas horas "Me he encontrado con personas que todavía se aferran a modelos académicos en los que solo puedes tener éxito trabajando largas horas y fines de semana. Incluso un miembro de la facultad de mi universidad me dijo que si yo no estoy dispuesta a hacerlo, necesito encontrar una carrera diferente".

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Figura 4: Número medio de horas a la semana que los estudiantes predoctorales emplean en el desarrollo de su tesis. El 76% de los encuestados (n=6.000) reportaron trabajar más de 41 horas a la semana (en diferentes tonos de naranja). Resultados de la encuesta desarrollada por Nature en 2019.

Pese a estas problemáticas, la ciencia no está condenada. Y en esta época todos hemos podido comprobar lo bien que funciona. Pero dando a conocer su funcionamiento y problemáticas, podemos abrir debates interesantes para buscar el mejor modo de protegerla.